Este domingo las calles de San Miguel de Tucumán volverán a llenarse de zancadas. Los 21K de LA GACETA reunirán a miles de corredores. Habrá premios, hidratación, una Expo. Pero detrás de cada uno de esos cuerpos en movimiento surge una pregunta: ¿por qué corren?

La respuesta puede estar en nuestra historia como especie. Hace dos millones de años, los primeros humanos corrían para comer, para escapar, para volver a casa. La carrera no era un deporte, era una forma de sobrevivir. Y esa herencia quedó grabada en nuestros huesos, en nuestros pulmones, en esa capacidad extraña de resistir más que cualquier otro animal.

Por eso correr sienta tan bien. No se trata solamente de una cuestión de endorfinas, como se creyó durante décadas. El cuerpo libera sustancias que calman la ansiedad, que aflojan el nudo del pecho, que ordenan los pensamientos. Cualquiera que haya salido a trotar con la cabeza pesada y haya vuelto con la mente liviana sabe de qué se trata. No hace falta un estudio que lo confirme, aunque existen y lo confirman.

Correr también fortalece el cerebro. Estimula conexiones nuevas, protege la memoria, mejora el ánimo. No reemplaza a un psicólogo cuando lo hace falta, pero como herramienta cotidiana pocas cosas ofrecen tanto por tan poco.

Hay algo más. Correr en grupo, como ocurrirá este domingo, tiene un plus difícil de medir. El apoyo mutuo, la charla al costado de la ruta, la meta compartida. La soledad del corredor solitario se transforma en comunidad. Y en tiempos donde la tecnología nos encierra, compartir una carrera a cielo abierto es casi un acto revolucionario.

La ciencia advierte que correr reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Mejora la densidad ósea. Fortalece el sistema inmunológico. Regula el apetito. Combate el insomnio. No hay una píldora que haga todo eso junto. No hay una app que reemplace el golpe de las zapatillas contra el asfalto.

Correr también enseña. Enseña a levantarse temprano. Enseña a tolerar la incomodidad. Enseña que los resultados no llegan de un día para el otro. Enseña a fallar, a cansarse, a seguir igual. En un mundo que promete gratificación instantánea, correr es una escuela de paciencia.

Este domingo, cuando los corredores crucen el arco de largada en parque 9 de Julio, estarán activando una memoria antigua, la de una especie que aprendió a seguir adelante con sus propias piernas. Estarán celebrando la salud, la comunidad, la resistencia. En tiempos donde todo nos invita a quedarnos quietos, salir a correr es un pequeño acto de rebeldía, liberador.